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Fiestas


Posee Jimena costumbres y tradiciones que con el paso de las generaciones han ido cayendo en el olvido de los tiempos, como aquel "juego del cacharro" que jugaban las mujeres durante el Carnaval, consistente en lanzarse unas a otras a las manos un puchero de barro, o de metal, o simplemente una calabaza, procurando que no se cayera al suelo. Hasta no hace muchos años era muy festejado el día de Santa Lucía -el 13 de diciembre-, preludio preparatorio de la Navidad, en el transcurso del cual se le hacían rogativas a la santa para que preservara de las enfermedades de la vista a todo aquel que la imploraba. La víspera se encendían hogueras en torno a las cuales se solían tomar rosetas de maíz y vino, acompañados de cantos y bailes, si bien, por fortuna, este festejo, olvidado por un tiempo, está en claro proceso de recuperación para la cultura tradicional. Luminarias se habrán de prender también para la Candelaria -el 2 de febrero-. Sigue siendo aún hoy propio de la Pascua de Resurrección, dentro del ciclo festivo tradicional, el que se hagan y se tomen los típicos hornazos con los que concluye la Semana Santa y el periodo de abstinencia de la Cuaresma.

En Jimena, como en tantos otros sitios de Sierra Mágina, existió ya en el siglo XVII un voto hecho a San Marcos por haber sido librados de los devastadores efectos de una plaga de langostas. Dicho voto consistía en que tanto los mayores como los niños, e incluso los animales domésticos y de trabajo que había en cada casa, no comían bocado hasta que no concluyera la procesión en honor del Santo.

Ya en el siglo XVI hay constancia escrita de que para el Corpus Christi se corría un "toro de maroma", hoy más conocido por "toro ensogado", que unía el aspecto lúdico popular al esplendor propio de la religiosidad de fiesta tan principal, precursor del actual "toro de fuego" de las fiestas patronales.

Muy curiosa es la costumbre que se lleva a cabo el día de la Cruz, el 3 de mayo, cuando se colocan los llamados "tíos de ricia", muñecos hechos con ropas viejas, rellenos de papeles, que tienen por cabeza una olla o un puchero de barro, y que en posturas jocosas son colocados a lo largo de algunas calles de Jimena, solos o en grupo, y con carteles en los que se alude en tono de chanza a algún suceso notable que haya ocurrido a lo largo del año. Su raíz costumbrista hay que buscarla en los tradicionales "Judas" sobre los que, a modo de chivo expiatorio, como los "farmakoi" del mundo griego clásico que se hacían para las fiestas en honor de Apolo, se descargaba toda la ira del pueblo, acabando quemados o siendo blanco de palos y garrotazos. En Jimena se cree que esta costumbre data del siglo XVIII, en tiempos de Carlos III, cuando con motivo de una subida de impuestos municipales los jimenatos representaron en estos "tíos de ricia" (ricia significa destrozo, o persona que provoca escándalo) a los recaudadores de contribuciones.

Fiesta grande es la que se celebra el día 7 de septiembre en honor de Nuestra Señora de los Remedios, fecha en la que el santoral católico conmemora el Nacimiento de la Virgen, en la que la imagen de la patrona es traída desde su ermita hasta Jimena, donde permanecerá hasta el día 10, en que será llevada en romería de nuevo a su santuario de Cánava, al pie de la sierra. Como prólogo y epílogo de estas fiestas patronales se correrán varios "toros de fuego", artefactos metálicos éstos que se colocan sobre las espaldas de varios portadores, que los traerán y los llevarán entre las gentes quienes, desafiándolos, tratarán de esquivar sus embestidas de chispas, bengalas y "cohetes rateros" que van desprendiendo por todos lados.

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